Para Manuel Sánchez Castro, toda aquella persona que se desempeña en una actividad laboral, cualquiera sea su condición, necesita de un descanso. Esto se traduce en el derecho a las vacaciones.

Así lo  establece el artículo 24 Artículo 24 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, 1948: “toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagada”.

Sánchez Castro, define el ocio como aquella parte del día que se dedica a actividades que no son laborales, ni tareas domésticas esenciales, generalmente recreativas y usadas a discreción por las personas.

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En el siglo XIX , las condiciones laborales  no estaban reguladas y   eran pésimas. A pesar  que no se menciona de manera  explícita limitar las horas de trabajo y el derecho al descanso en ninguno de los convenios fundamentales de derechos humanos, estas ya  estaban consagrados en el primer tratado adoptado por la (OIT) en 1919, que determinó jornadas de 8 horas y semanas de 48 horas en la industria.

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Según Sánchez,  está en nuestra naturaleza humana la necesidad de descansar,  desplazarnos libremente, de utilizar un tiempo libre en viajes, recreaciones, pasarla en familia o solos; haciendo turismo, incrementando nuestras relaciones socioculturales e interpersonales.

Esto también es una forma de salud, permitiendo a los operarios tener una mente lúcida, sin preocupaciones para volver a reintegrarse al trabajo y poder rendir de una manera más satisfactoriamente.

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